Semillas de Dios.

domingo, 2 de julio de 2017

Julio 2. HOMILÍA DEL XIII DOMINGO DURANTE EL AÑO (CICLO A). Seguir a Jesús, nos pide poner en sus manos toda nuestra vida. Si a veces se nos hace cuesta arriba el ser cristianos, es porque no le damos a Jesús todo lo que somos y hacemos. ¿Que cuesta? Si, pero vale la pena. Es la única manera como nuestra vida puede alcanzar su pleno sentido. No tengamos miedo. Desde Guatemala por Monseñor Rodolfo Antonio Colominas Arango.





Seguir a Jesús, nos pide poner en sus manos toda nuestra vida. Si a veces se nos hace cuesta arriba el ser cristianos, es porque no le damos a Jesús todo lo que somos y hacemos. ¿Que cuesta? Si, pero vale la pena. Es la única manera como nuestra vida puede alcanzar su pleno sentido. No tengamos miedo. 
Feliz Domingo.


HOMILÍA DEL XIII DOMINGO DURANTE EL AÑO (CICLO A)




1. Todo en la vida tiene un precio. Y cuanto más valioso e importante es algo, también es más alto su precio. Esto, que en las cosas ordinarias de la vida nos parece lo más natural, a veces no lo aceptamos cuando se refiere a nuestra vida cristiana.

2. Nosotros somos de los que deseamos salvarnos y gozar eternamente en el cielo, pero esperamos que todo se nos dé gratis. Creemos que ya porque Cristo padeció y murió por nosotros, todo nos va a llegar sin que nos cueste nada.

3. Ciertamente la salvación y la vida eterna, es una gracia que Dios nos concede, no por nuestros méritos, sino porque Él es infinitamente bueno y misericordioso. Sin embargo, el Señor nos ha puesto una serie de condiciones, para que nosotros podamos vivir la vida nueva que Él nos ofrece.

4. Nosotros no recibimos lo que merecen nuestras obras, porque de suyo no valen nada. Sin embargo, tenemos que tener ciertas actitudes fundamentales, para poder participar de la vida de hijos de Dios que Cristo nos ofrece.

5. Esta es la razón, por la que el Evangelio que se nos ha proclamado hoy, nos recuerda que, si nosotros queremos seguir a Jesús, tenemos que vivir una serie de desprendimientos, renuncias y separaciones que muchas veces, nos crean verdaderos conflictos.



6. Seguir a Cristo, nos pide hacer una serie de opciones que no son fáciles y que van a marcar la totalidad de nuestra vida. Nosotros no podemos seguir a Cristo a medias. No podemos ser cristianos de fin de semana, o cristianos de tiempo libre.

Cristo quiere la totalidad de nuestro corazón. No quiere que compartamos nuestra vida con nadie más.

7. Esta exclusividad que Cristo nos pide a todos los que queremos seguirle, es lo que nos hace comprender sus palabras: « El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí.»

8. Esto no significa que hemos de dejar a un lado, el amor a nuestros padres o a nuestros familiares. Estaría en contra de lo que expresamente, nos manda el cuarto mandamiento de la Ley de Dios: «Honra a tu padre y a tu madre, para que se prolonguen tus días sobre la tierra que el Señor, tu Dios, te va a dar. »

9. Lo que nos quiere decir Nuestro Señor, es que en todo caso y circunstancia, el amor a Dios y el cumplimiento de su voluntad, está por encima del amor a nuestra familia. Hemos de estar dispuestos a dejar lo que nosotros amamos, de una manera muy especial si esto nos lo pide el seguimiento de Cristo.

10. La familia es un elemento básico y fundamental en nuestra vida. Aunque debemos tener claro que no basta con defender el valor de la familia, así sin más, hablando de la 
familia de una forma general, porque la familia puede realizarse en la realidad, de maneras muy diversas.



11. Hay familias que están abiertas al servicio de los hermanos, de los pobres y de los necesitados, pero también hay familias que viven encerradas de una manera egoísta, sobre sí mismas. Hay familias que educan a sus miembros en el egoísmo, pero también hay familias que enseñan, a ser solidarios con todos los que sufren y pasan necesidad.

12. Hay familias que educan a sus miembros, en la verdadera libertad y también hay familias que enseñan a sus miembros a ser opresores,  aprovecharse de su prójimo, y no respetar los derechos de los demás.

13. Por eso es que la familia, no es para Jesús algo absoluto e intocable. No es un ídolo. Hay algo que está por encima de la familia y que es superior a ella: Eso es el reino de Dios.

14. Lo más importante, no es la familia ligada por los lazos de la sangre, sino esa gran familia que debemos ir construyendo entre todos, bajo la mirada del Padre Dios. Lo que significa que aquellos valores que se refieren al Reino de Dios, deben estar por encima de los intereses egoístas de un hogar.

15. Esta es la razón por la que Cristo le pide, a todo aquel que quiere seguirlo en el ministerio sacerdotal, o en la vida religiosa, dejar su familia para entregar su vida totalmente al servicio del reino de Dios. A muchos, esta exigencia les parece demasiado fuerte. No se atreven a dejar en segundo plano a la familia.



16. En realidad, dejar la familia no significa dejar de amarla. Al contrario, significa tenerle un amor mucho más pleno, pero menos encerrado en el egoísmo. El amor a la familia continúa, pero el corazón se abre a la gran familia de todos los hijos de Dios.

17. Todo esto viene a crear en nosotros, una serie de conflictos internos. Nos pone muchas veces en crisis, nos desconcierta y a veces abre en nuestro corazón profundas heridas. Muchos no se atreven a dejar, porque piensan que lo van a perder todo. Y en realidad, solamente dejándolo todo, es como nosotros podemos verdaderamente poseerlo todo.

18. Jesús nos invita a caminar detrás de Él, después de habernos quitado el terreno, sobre el que apoyamos nuestros pies. Quiere que lo amemos solamente a Él y que nuestra confianza y nuestra fuerza, solamente se apoye en Él.

19. Esto nos puede parecer duro de aceptar, pero en realidad, un cristianismo a bajo precio, una fidelidad a Cristo que solamente busque la solución fácil de los problemas, un seguimiento que no lleve la señal de la lucha interior y de la cruz, en realidad tiene muy poco que ver con Jesús de Nazaret.

20. No es posible seguir a Cristo sino cargando con la cruz. Por eso nos decía claramente el Evangelio que hemos escuchado: «El que no carga con su cruz y se viene detrás de mí, no es digno de mí. El que quiera guardar su vida para sí mismo la perderá, pero el que sacrifique su vida por mi causa, la encontrará.»



21. «Conservar la vida», «guardar la vida» quiere decir administrarla de acuerdo a cálculos e intereses humanos. Quiere decir, defenderla de todo riesgo, gozarla, pero en términos de comodidad. Quiere decir dirigirla según nuestros intereses personales, organizarla según nuestros programas 
utilitaristas, desinteresarse de los demás.

22. En cambio, «Perder la vida», significa vivirla, pero sin demasiados cálculos egoístas. Significa arriesgarlo todo; gastarse sin reservas; darse de todo corazón. Significa estar dispuesto a perderlo todo, incluso la misma vida, por algo que realmente merece la pena, como lo es el reino de Dios.

23. Nosotros perdemos la vida de muchas maneras: dando parte de nuestro tiempo al anuncio del Evangelio. Participando en aquellas obras que benefician a los más pobres y necesitados. Buscando el bien y el desarrollo de nuestras comunidades.

24. Nosotros tenemos el maravilloso ejemplo del Hermano Pedro. Él entregó plenamente su vida a los más pobres y a los que sufrían. Y su vida creció de una manera tan insospechada, que Cristo se reflejó en cada una de sus obras. Era el mismo Cristo quien actuaba en él. El Hermano Pedro pudo exclamar perfectamente: «Yo vivo, pero no soy yo el que vive, es Cristo el que vive en mí».

25. La crisis de vocaciones que vivimos en la actualidad, tiene como raíz este miedo a darse; este miedo a entregar la propia vida en el servicio del Reino. Sin embargo, la misma infelicidad que sienten muchas personas, viene precisamente de este miedo de entregar la propia vida.



26. Muchos podrían vivir plenamente su vida y podrían ser inmensamente felices si, rompiendo su egoísmo y su modo de pensar calculador, abrieran su corazón a la llamada de Dios y entregaran su vida, en el seguimiento de Cristo.

27. El discurso misionero de Jesús, que en su comienzo nos presentaba la misión como un ir entre lobos, se cierra con el inmenso valor de un vaso de agua. Los lazos que quizá se han roto, -incluso en el ámbito familiar-, por el seguimiento de Jesús y por las rigurosas exigencias de la misión, se recomponen al final, a través de la solidaridad, expresada en un vaso de agua fresca.

28. Dar significa estar vivo y ser rico. El que tiene mucho y no sabe dar, no es rico ni está vivo. Es una persona pequeña, impotente, empobrecida, por mucho que posea. En 
realidad, sólo es rico quien es capaz de regalar, algo de sí mismo a los demás.

29. Todos necesitamos escuchar, con más atención y hondura las palabras de Jesús: «No quedará sin recompensa ni un vaso de agua fresca que demos a uno de esos humildes.» Ojalá que nos demos de todo corazón, al 
servicio de Cristo. No seamos medio cristianos, porque eso significa exactamente, lo mismo que ser medio paganos.

30. Cristo que no dudó en entregar su vida por nosotros y por nuestra salvación, quiere que también nosotros le entreguemos la totalidad de nuestra vida. Pensemos que muchas veces por querer guardar nuestra vida para este mundo, la perdemos para toda la eternidad. Y lo que vale no es lo que se acaba, sino lo que perdura para siempre.





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