Semillas de Dios.

domingo, 6 de agosto de 2017

Agosto 6.Homilía para la Fiesta de la Transfiguración del Señor. (A). La Transfiguración, es un hecho único en la vida de Cristo. A través de Él, Jesús quiso fortalecer nuestra fe en Él. Para esto, nos mostró de una manera clara que Él, no es un simple hombre, por muy maravilloso que pueda ser, sino que es nada menos, que el Hijo Único del Padre que se hizo hombre y compartió en todo nuestra realidad humana. Creemos en Él, porque Él es verdaderamente Dios. Por eso podemos confiar en su gracia y en su poder. Que nuestra fe en Cristo se robustezca cada vez más. Desde Guatemala por: Monseñor Rodolfo Antonio Colominas Arango.



La  Transfiguración, es un hecho único en la vida de Cristo. A través de Él, Jesús quiso fortalecer nuestra fe en Él. Para esto, nos mostró de una manera clara que Él, no es un simple hombre, por muy maravilloso que pueda ser, sino que es nada menos, que el Hijo Único del Padre que se hizo hombre y compartió en todo nuestra realidad humana. Creemos en Él, porque Él es verdaderamente Dios. Por eso podemos confiar en su gracia y en su poder. Que nuestra fe en Cristo se robustezca cada vez más. Feliz Domingo.


Homilía para la Fiesta de la Transfiguración del Señor. (A)




Nuestra Fe cristiana se basa y se apoya en Jesús. Nosotros somos cristianos porque creemos en Él. Ser Cristianos, significa que hemos puesto en Jesús toda nuestra confianza.

Pero nosotros no creemos en Jesús, de la misma manera como podríamos creer en un gran hombre, o como podríamos confiar en un sabio maravilloso, o como podríamos amar a alguien que es muy bueno con nosotros.

Nosotros creemos en Cristo porque sabemos que Él, es el Hijo de Dios que se hizo hombre para salvarnos. Porque creemos que el Padre Dios, envió a su Hijo único para rescatarnos del pecado y de la muerte. Nosotros creemos firmemente que Cristo es verdadero Dios y verdadero hombre.



Por eso es que creemos en su Palabra. La aceptamos como la luz que ilumina nuestra vida y dirige toda nuestra existencia. Por eso es que nosotros, no dudamos de la verdad de su Palabra. Sabemos que antes pasarán el cielo y la tierra, que la Palabra de Cristo deje de cumplirse.

Esta fe en Cristo que es verdadero Dios y verdadero hombre, es lo que ha de sostener toda nuestra fe Cristiana, por eso es que solamente podemos vivir como Cristianos, en la medida en la que creamos en Cristo, el hijo único de Dios.

Hay muchas personas, que se alejan de la fe cristiana y buscan otros dioses, y lo hacen porque no conocen quién es Cristo, no se han interesado por conocerlo y por esta razón simplemente, lo consideran como un personaje bueno, que hizo muchos milagros y nada más.



Muchos piensan que Cristo es simplemente un hombre. Muy bueno y muy bondadoso, pero, a final de cuentas un simple hombre. Y es claro que, comprometer nuestra vida, con un hombre igual a nosotros, por muy bueno que pueda ser, es una tontería. No tiene sentido.

 Por eso es necesario y fundamental, avivar nuestra fe en Cristo, como el Hijo único de Dios que se hizo hombre, para poder confiar plenamente en Él y seguir su camino. Por eso es que necesitamos, abrir nuestros corazones a Jesús, necesitamos dejarlo entrar en él, para que de esta manera, lo podamos conocer cada vez mejor.



Eso fue precisamente, lo que Cristo quiso hacer con nosotros al manifestarnos, en la Transfiguración, la gloria de su divinidad. 
No quería con este hecho, dar un espectáculo para que los discípulos se quedaran con la boca abierta. Lo que Jesús quería, era hacernos descubrir a ellos y a todos nosotros, quién es Él en realidad.

La Transfiguración, fue un momento muy rápido y fugaz en el que Jesús, les manifestó a sus discípulos que Él, es verdaderamente el Hijo de Dios. Y la voz del Padre y la presencia del Espíritu Santo, vinieron a confirmar esta realidad.

Esta manifestación de la Divinidad de Cristo, se nos presenta hoy en el Evangelio a través de imágenes de luz. Esto lo hace el Evangelista, porque la palabra humana es incapaz de describir la experiencia, del encuentro con la Divinidad de Cristo.

Jesús quiso manifestar su Divinidad a sus discípulos, para robustecerlos en la Fe a ellos, para poder enfrentar los momentos duros y difíciles, de la pasión que estaban por llegar. Esta fiesta que estamos celebrando hoy, tiene que ser lo mismo para todos nosotros. Debe ser la ocasión de reavivar nuestra Fe en Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre.

Debe ser la ocasión de reafirmar nuestra fe en Jesús, que quiso venir a este mundo, para que todos nosotros pudiéramos participar de la vida de hijos de Dios.



Esta Fe en Cristo, ha de manifestarse en todas las ocasiones y circunstancias de nuestra vida. Primeramente la hemos de mostrar poniendo en práctica su Palabra. Porque si Jesús es verdadero Dios, esto quiere decir que su Palabra, es Palabra de Dios. Porque cuando Jesús nos habla es Dios mismo, quien nos está hablando y no podemos dejar a un lado lo que Él nos dice.

Una persona que no pone en práctica, lo que Jesús nos ha enseñado, no puede decir que cree en Jesús, ni mucho menos, puede decir que es una persona cristiana.



Nosotros manifestamos nuestra Fe en Jesús, acudiendo a Él en la oración. Hemos de orar constantemente a Cristo, porque Él es Dios y también hemos de orar juntamente con Él a nuestro Padre del Cielo.

También hemos de manifestar nuestra Fe en Jesús, participando de los Sacramentos que Él nos dejó, para que pudiésemos recibir la abundancia de la Vida Divina.



Manifestamos nuestra Fe en Jesús, viviendo nuestra unión con la Iglesia y haciendo nuestra su tarea misionera, haciendo llegar la Palabra de Cristo, a todas aquellas personas que aún no la conocen.

Por eso es que esta fiesta de la Transfiguración de Jesús, debe ser para nosotros la ocasión de renovar nuestra fe en Cristo, para vivir de una manera más clara, más viva, más generosa nuestra Fe cristiana.

 Pidamosle hoy a Jesús, que nos conceda La Gracia, de poder vivir más íntimamente unidos a Él, y que en todo lugar y en todo momento, vivamos de acuerdo a Su Divina Voluntad.




Oración de los fieles
Sacerdote: Llenos de confianza, sabiendo que nuestro Padre Dios siempre nos escucha y que nos ha dado a su Hijo, para nuestra Salvación, presentemosle ahora nuestras peticiones.



Sacerdote: Escucha Padre de bondad, las súplicas que te hemos presentado. No abandones a tus hijos que te invocan, en sus necesidades. 
Todo esto te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor.




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