Semillas de Dios.

sábado, 10 de marzo de 2018

Marzo 11. HOMILÍA DEL IV DOMINGO DE CUARESMA (CICLO B). Desde Guatemala por: Monseñor Rodolfo Antonio Colominas Arango.

La Palabra del Señor no es solamente para escucharla y entenderla. Es sobre todo para vivirla. El que sabe y no pone en práctica, es como el que no sabe. Pero es más responsable, porque voluntariamente rechaza lo que Dios le dice.  ¡¡Feliz Domingo!!


HOMILÍA DEL IV DOMINGO DE CUARESMA (CICLO B).




1. Muchas veces nos quejamos de Dios. Somos tan inconformes que ni siquiera Dios nos satisface. Todo lo queremos a nuestro gusto y capricho, aunque sea para nuestro propio daño. No nos damos cuenta de que si, en 
determinados momentos, Dios nos pide algo que nos duele o nos molesta, siempre es para nuestro propio bien.

2. Hoy, las diversas lecturas que hemos tenido, quieren hacernos descubrir la grandeza del Amor que Dios nos tiene. Un Amor tan grande que le ha llevado a entregar a su propio Hijo a la muerte, para que nosotros podamos 
alcanzar la vida.



3. Nosotros, muchas veces no somos conscientes, de lo que es y de lo que significa el pecado. Pensamos que es algo normal, común y corriente. Sin embargo, el pecado es lo peor que nosotros podemos hacer, porque es un claro desprecio del Amor que Dios nos tiene.

4. La primera lectura, nos presenta un retrato del comportamiento y de las actitudes, que tenían los sumos sacerdotes y el pueblo de Israel:

٭ Multiplicaron sus infidelidades: es decir, no fueron fieles a la Alianza que Dios había hecho con ellos. Esta infidelidad se manifestaba en el no cumplir con los mandamientos de Dios.
٭ Practicaron todas las abominables costumbres de los paganos, es decir, dejaron a un lado el modo de comportarse que Dios les había indicado, y empezaron a actuar al modo de los paganos: materialistas, lujuriosos, ambiciosos, violentos, etc.
٭ Mancharon la Casa del Señor, profanaron el lugar que había sido consagrado al Señor, es decir, hicieron del lugar sagrado un lugar profano.



5. Todo esto era desagradable a los ojos de Dios, y Dios por medio de los profetas los llamaba a un cambio, a una conversión. Dios sentía lástima de su Pueblo y quería hacerlo volver al buen camino. Pero todo era inútil. Israel se hacía constantemente el sordo a los llamados de Dios.

6. Por eso, Dios envía contra ellos a los Caldeos que destruyen Jerusalén y se llevan prisioneros a Babilonia, a todos los habitantes que no habían muerto. Setenta años de cautividad, al final de los cuales, Dios se compadece de su Pueblo y le concede retornar a su tierra.



7. Esta Cautividad en Babilonia, fue una experiencia muy dura para el Pueblo de Israel, pero le purificó y le hizo descubrir lo que verdaderamente significa, el Amor de Dios. No era que Dios quisiera el mal para su Pueblo, sino todo lo contrario. Permitió el sufrimiento de la cautividad para su propio bien, para su purificación.

8. Esta historia del Pueblo de Israel, es la representación de nuestra propia historia. Nosotros hemos recibido muchísimo de Dios. Todo lo que nosotros somos y todo lo que tenemos, se lo debemos a Su Infinita Misericordia. Dios se ha portado maravillosamente con nosotros. Sin embargo, nuestra respuesta a este Amor tan grande, ha sido la indiferencia, el desprecio, la infidelidad. En una palabra, la falta de Amor.
٭ No hemos cumplido los mandamientos.
٭ Vivimos muchas veces como aquellos que no creen en Dios.
٭ Somos los causantes de muchos males que existen en el mundo.
٭ No damos testimonio de nuestra Fe, a través de nuestras obras.
٭ Nos hemos olvidado de Dios. El horizonte de nuestra vida es solamente lo material.
٭ Hemos perdido el respeto a la persona humana que es imagen viva de Dios.
٭ Hemos hecho de nuestras celebraciones sagradas, una excusa para nuestras fiestas puramente paganas.

9. Todo esto, necesariamente ofende a Dios. Dios no quiere que destruyamos la imagen divina que Él, ha puesto en nosotros. Quiere que seamos felices. Quiere que vivamos como hijos suyos que somos.



10. Preguntaba el Señor en el libro de Isaías: ”¡Cielos y tierra, oigan! Escuchen la queja del Señor: «Crié hijos hasta hacerlos hombres, pero se rebelaron contra mí. El buey conoce a su dueño y el burro el pesebre de su señor; pero Israel no me conoce, mi pueblo no comprende.» ¡Ay, gente pecadora, pueblo cargado de crímenes, raza de malvados, hijos perversos! Han abandonado al Señor, han despreciado al Santo de Israel. ¿Dónde quieren que les pegue ahora, ya que siguen rebeldes? Tienen toda la cabeza dolorida, el corazón entero apenado, desde la planta de los pies hasta la cabeza, no les queda nada sano; sólo heridas, golpes, llagas vivas que no han sido envueltas ni vendadas, ni aliviadas con aceite”.

11. Esto mismo se nos dice ahora nosotros. Ustedes están sufriendo las consecuencias de sus mismos pecados. No son felices. Viven una vida llena de dolores y de penas, como consecuencia de sus pecados. ¿Qué tengo que hacer para que ustedes cambien y vivan una vida digna de los hijos de Dios?.

12. La respuesta nos la da el mismo Señor cuando afirma: “Tanto Amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo, para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él”.



13. A pesar de todas nuestras infidelidades, Dios nos sigue Amando. Y por eso nos da a su Hijo, para que por medio de Él, nosotros alcancemos la liberación de nuestros pecados y podamos vivir, la nueva vida de hijos de Dios.

14. Lo único que necesitamos es creer en Él. Si nosotros continuamos sufriendo, es porque no creemos en El Cristo. De nosotros depende el vernos libres del mal y emprender una nueva vida.


15. Creer en Cristo significa en primer lugar, poner en Cristo nuestra confianza. Confiar en Él hasta el punto, de aceptar totalmente su Palabra y de vivir conforme a ella. La Fe no es solamente decir que creemos, sino vivir de acuerdo a lo que creemos.

16. La fe nos lleva a poner totalmente, nuestra vida en las manos de Dios y dejar que sea Él el que la guíe y le marque el rumbo que ha de seguir. La Fe nos lleva a poner en práctica lo que Dios nos pide. No podemos decir que tenemos Fe, si nuestra vida no es expresión de lo que creemos.

17. Por eso nos dice el Apóstol Santiago que la fe sin las obras está muerta. Porque nosotros no podemos decir que creemos, si no vivimos de acuerdo, a lo que decimos que creemos.

18. Creer en Cristo, significa hacer vida su Palabra. Significa confiar plenamente en Él y hacer lo que Él nos pide. Si nosotros queremos vivir una vida nueva y encontrarle a nuestra existencia su verdadero sentido, es necesario que dejemos nuestra manera meramente humana y materialista de vivir, y empecemos a vivir como Cristo nos lo indica.

19. La renovación que hemos de vivir en esta Cuaresma, debe llevarnos a unir nuestra Fe y nuestra vida, de tal manera que manifestemos lo que creemos, en nuestra manera de comportarnos. Que seamos Cristianos no 
solamente de nombre, sino cristianos en la vida y en las obras.

20. Vamos a pedirle a Nuestro Señor, que envíe sobre nosotros su Espíritu, para que podamos dejar las obras que le desagradan y podamos vivir, de tal manera que la Vida que Él quiere comunicarnos, la tengamos en abundancia.




Oración de los fieles.

Sacerdote: Presentemos ahora nuestras súplicas a nuestro Padre Dios, que Es Rico en Misericordia, y que en Jesucristo nos ha llamado, a obrar según La Ley del Amor.



Sacerdote: Señor Dios, que tanto Amas al mundo, que nos diste a tu Hijo para que nos salvara de la muerte y del pecado, escucha las súplicas que en nombre de todos los hombres te hemos presentado, y haz que un día gocemos de Tu luz y de Tu Verdad. 

Por Jesucristo nuestro Señor. 

Amén.


No hay comentarios: