Semillas de Dios.

domingo, 4 de marzo de 2018

Marzo 4. HOMILÍA DEL III DOMINGO DE CUARESMA (CICLO B). El Señor Jesús expulsa del Templo, todo aquello que no respeta la Casa de Dios. Nos enseña que también nosotros, hemos de sacar del templo de nuestra alma, todo aquello que no está de acuerdo, con lo que Dios quiere de nosotros. No tengamos miedo, de hacer una buena limpieza en esta Cuaresma. Desde Guatemala por: Monseñor Rodolfo Antonio Colominas Arango.


El Señor Jesús expulsa del Templo, todo aquello que no respeta la Casa de Dios. Nos enseña que también nosotros, hemos de sacar del templo de nuestra alma, todo aquello que no está de acuerdo, con lo que Dios quiere de nosotros. No tengamos miedo, de hacer una buena limpieza en esta Cuaresma. ¡¡Feliz Domingo!!
HOMILÍA DEL III DOMINGO DE CUARESMA (CICLO B).

1. La lectura del Evangelio nos presenta un momento muy fuerte en la vida pública de Jesús. Tan fuerte, que podemos preguntarnos, ¿Éste es el Jesús que conocemos? ¿Éste es el Jesús sencillo, humilde y pacífico que se nos presenta a lo largo del Evangelio?.

2. Y, en realidad, sí es el mismo Jesús. Pero, en esta ocasión, nos está mostrando un signo que nos indica, cuál es la misión que ha traído al mundo. Jesús nos enseña cuál ha sido la misión que el Padre le encomendó.

3. Para comprender todo lo que Cristo, quiere hacernos comprender, veamos, en primer lugar, dónde está Jesús. Está en el Templo. En la Casa de Dios. En un lugar dedicado a Dios. En ese lugar que ha sido dedicado especialmente a la Oración y al encuentro del hombre con Dios.



4. Pero, ¿en qué se ha convertido el templo? Se ha convertido en un mercado. En un lugar en el que los hombres se ocupan de todo lo humano, material y económico, pero se olvidan de Dios y del lugar Santo en el que están.

5. Hay vendedores de ovejas, bueyes y palomas. Hay cambistas de dinero. Gente que va de un lado para otro sumergida, cuerpo y alma, en sus asuntos y en sus negocios.



6. El Templo se ha convertido, en el centro de las actividades económicas y financieras del Pueblo de Israel. Lo de Casa de Dios se ha quedado a un lado. Son otras cosas las que interesan. Las cosas humanas.

7. Por eso es que Cristo, realiza un signo en este lugar. Nos dice el Evangelio que hizo un látigo de cordeles, y los expulsó del templo con todo y sus ovejas y bueyes. Les volcó la mesa a los cambistas y les tiró al suelo sus monedas y a los vendedores de palomas los expulsó del lugar sagrado.



8. Es un signo. Porque seguramente, pasado todo el alboroto, las cosas volvieron a quedarse como estaban. Pero es un signo que cuestiona a los judíos que le preguntan a Jesús, con qué autoridad ha hecho todo ese alboroto y ha causado ese desorden tan grande. Y Jesús les contesta de una manera que ellos no acaban de comprender: “Destruyan este templo y en tres días lo reconstruiré”.

9. Para comprender las palabras de Jesús, conviene que tengamos presentes, algunos pasajes de San Pablo. Por ejemplo, en la Primera Carta a los Corintios nos dice: “¿No saben que ustedes son Templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en ustedes? Si alguno destruye el Templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el Templo de Dios es Sagrado, y ustedes son ese Templo.”
Y en la Carta a los Efesios, el mismo San Pablo agrega: “Ustedes están siendo juntamente edificados, hasta ser morada de Dios en el Espíritu.”

10. Estos textos nos recuerdan que todos nosotros somos Templos vivos de Dios. La persona humana ha sido creada, no solamente para ser imagen viva de Dios, sino para ser también un Templo vivo de Dios. Dios habita en el corazón de toda aquella persona que vive en la gracia de Dios.



11. El Catecismo de la Iglesia Católica también nos lo dice con toda claridad: “Cristo es el verdadero Templo de Dios, "el lugar donde reside su gloria"; y por la gracia de Dios los cristianos, son también templos del Espíritu Santo, piedras vivas con las que se construye la Iglesia”.

12. Todo cristiano es pues Templo de Dios. Dios habita en cada uno de nosotros. Nosotros podemos encontrarnos con Dios, en lo íntimo de nuestro corazón. Nos lo recuerda Jesús cuando nos habla de la oración: “Tú, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.” Ese aposento, secreto y callado, es nuestro corazón; somos nosotros: Templos vivos de Dios.


13. Pero ahora vienen las preguntas que debemos hacernos este domingo:

¿Cómo está el Templo de nuestra alma?

¿Dios lo llena?

¿Dios es su centro?

¿Vivimos realmente templos vivos de Dios?

¿Hemos convertido el templo de nuestro corazón en un mercado?

Si Jesús empezara en este momento, a hacer lo que hizo en el templo de Jerusalém, ¿qué cosas serían las que tiraría, las que volcaría y las que expulsaría de nuestra alma?.

14. La primera lectura nos recuerda los Mandamientos de la Ley de Dios. Mandamientos que, como hemos dicho otras veces, no son estorbos o exigencias inútiles que Dios nos ha puesto, sino que nos presentan aquellas cosas que debemos tener, o debemos quitar de nosotros, para que de verdad Dios pueda habitar en nosotros.



15. Preguntémonos, pues, con toda sinceridad:

¿Existen algunos dioses que de hecho, estén llenando el templo de nuestro corazón?.

¿Le damos culto a otros dioses, como por ejemplo, el
dinero, la lujuria, el alcohol, la infidelidad conyugal, la violencia, el propio yo?.

¿Cómo usamos el nombre de Dios?.

¿Lo respetamos, lo pronunciamos con amor?.

 ¿Santificamos el día del Señor?.

¿Cómo nos comportamos en nuestra familia?.

 ¿Respetamos al prójimo, su vida, sus cosas?.

¿Respetamos y defendemos la vida de los niños que aún no han nacido, o la de los ancianos y enfermos terminales?.

¿Somos honrados y cabales en nuestros asuntos?.

 ¿Amamos la verdad?.

16. En esta Cuaresma, Cristo quiere contar con nuestra colaboración, para limpiar el Templo de Dios que somos nosotros mismos. No esperemos que venga Cristo y con la fuerza del látigo del dolor, de la enfermedad, de la pobreza o de la humillación, venga a sacar todas esas inmundicias que tenemos, en el templo de nuestra alma.

17. Cristo quiere que nos purifiquemos con el Sacramento de la Misericordia y del Perdón. Sacramento al que hemos de acercarnos libre y voluntariamente, sabiendo que, aunque nos cueste reconocer todo lo malo que llevamos dentro de nosotros, a final de cuentas, el participar del Sacramento de La Reconciliación es para nuestro bien.



18. La Gracia Santificante, es la que debe hacer brillar el templo de nuestra alma. Ojalá que Dios se sienta complacido al habitar en nosotros. Que no destruyamos el Templo de Dios. Que tratemos constantemente de quitar de nosotros todo aquello que sabemos que no agrada a los ojos de Dios.

19. Nos dice el Evangelio que los judíos le reclamaron a Jesús diciéndole: « Qué señal nos muestras para obrar así? » Y Jesús les respondió: « Destruyan este Templo y en tres días lo levantaré. » Jesús, con su muerte y Resurrección, destruyó la naturaleza humana pecadora. Y con su Resurrección, levantó El Nuevo Templo de Dios, que es la humanidad nueva, libre del pecado.



20. Nosotros empezamos a ser templos vivos de Dios, en el momento de nuestro Bautismo. Pero lo ensuciamos y lo profanamos con nuestros pecados, y nuestras maldades. Cristo quiere de nuevo destruir ese templo del mal, en el que nos hemos convertido y quiere devolverle su verdadero resplandor.

21. No desperdiciemos, este Tiempo de Gracia que Dios nos Concede, y aprovechemos para renovar el templo de nuestro espíritu, para que Cristo Reine en él, por siempre Inmortal y Glorioso.



Oración de los fieles.

Sacerdote: Pedimos al Padre Su Misericordia. Ante tantas necesidades como nos acechan. Pues el Señor no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva.



Sacerdote: Dios de Bondad. Escucha nuestras súplicas que esperamos alcanzar, por medio de La Pasión de Tu Hijo, Nuestro Señor Jesús, que vive y reina por los siglos de los siglos. 
Amén.

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