Semillas de Dios.

domingo, 20 de agosto de 2017

Himno a San José | Música Católica | Canción a San José.





Agosto 20. Homilía del XX Domingo durante el año (Ciclo A). Jesús nos invita, a comunicarnos constantemente con Él. Aprovechemos y no descuidemos la Oración. Feliz Domingo. Desde Guatemala por: Monseñor Rodolfo Antonio Colominas Arango.


Hay un dicho que dice: "Hablando se entiende la gente". Y todos sabemos por experiencia que es verdad. Sin embargo, algo que muchas veces nos falta y viene a ser la causa de muchos de nuestros sufrimientos, es el hecho de descuidar nuestra conversación con Dios. No hablamos con Él. Ya sabemos que la oración es fundamental y sin embargo, la descuidamos. Jesús nos invita a comunicarnos constantemente con Él. Aprovechemos y no descuidemos la Oración. Feliz Domingo.


Homilía XX Domingo durante el año (Ciclo A)


1. Uno de los elementos fundamentales, en nuestra relación con Dios, es la oración. La razón de la importancia de la oración, está en el hecho de que nuestra relación con Dios, es fundamentalmente una relación de amor.

2. La vida cristiana, no consiste simplemente en el hecho de cumplir, con una serie de leyes y mandamientos. Se trata sobre todo de vivir, una relación amorosa con Dios. Por eso no podemos vivirla, sin el encuentro amoroso y personal con Dios, a través de la Oración.

3. La Oración, es abrir de par en par nuestro corazón, a nuestro Padre Dios, para manifestarle lo que somos y para dejarlo entrar a Él, en nuestro interior. La Oración es estar con Dios.

4. Sin embargo, no la valoramos. No le damos un espacio en nuestra vida. Ponemos más atención a otras cosas que a la oración. 
Incluso, para algunos, la oración “es perder el tiempo”.

5. Pero la oración es tan importante, en la vida cristiana, como lo es el diálogo en la vida de las personas. La única manera como nosotros podemos conocernos, comprendernos, relacionarnos y amarnos, es a través del diálogo.


6. La razón fundamental, de los problemas que existen en los hogares y en la sociedad humana, proceden generalmente de la falta de diálogo. Dos mudos no pueden entenderse jamás.

7. Evidentemente si no dialogamos; si no nos comunicamos, no nos podremos comprender los unos a los otros. De allí surgen los 
prejuicios, los malos entendidos, los resentimientos, y tantas cosas que amargan nuestra vida.

8. En la Oración nosotros escuchamos, lo que Dios quiere y espera de nosotros. Le decimos lo que llevamos en el corazón: nuestras penas y alegrías; nuestras esperanzas y desalientos; nuestras debilidades y nuestras fortalezas.

9. No hay nada que se pueda comparar, con la Oración. Por eso alguien decía que La Oración, es la omnipotencia del hombre y la debilidad de Dios. Lo que quiere decir que nosotros, todo lo podemos alcanzar por medio de la Oración y Dios, no puede resistirse a la fuerza que tiene La Oración.

10. Sin embargo, aunque esto suena tan hermoso, muchas veces nosotros sentimos que la oración no funciona. Nos parece que muchas veces estamos hablando con la pared. No encontramos respuesta. No sabemos si Dios nos escucha. Nos rodea el silencio y la total desolación.



11. Por eso es que necesitamos aprender a orar. A veces nos falta fe. Otras veces nos falta humildad. Muchas veces nos falta 
perseverancia. Hoy, el Evangelio que hemos escuchado se nos presentaba el ejemplo de una mujer que, a pesar de ser pagana, sabía cómo hacer su oración.

12. Era una mujer que tenía una hija gravemente enferma. La que sufre no es solamente la hija, sino de una manera muy especial la madre. Sufre al ver sufrir a su hija.

13. Pero sucede que esta mujer es pagana. No pertenece al pueblo de Israel. Sin embargo, ella ha oído hablar de Jesús, de su poder y de su misericordia.




14. Por eso, cuando se entera de que Jesús pasa por ese lugar, acude corriendo a su encuentro para suplicarle por su hija. En cuanto vio que Jesús se acercaba, empezó a gritar: «¡Señor, hijo de David, ten compasión de mí! Mi hija está atormentada por un demonio.»

15. Pero, ante esta súplica salida del corazón angustiado de una madre, Jesús no responde absolutamente nada. Se hace el sordo. Se hace el desentendido. Esto es sumamente duro.



16. Gritar y clamar sin encontrar ninguna respuesta, es sentir que nuestra voz no alcanza a llegar, a Aquel que debería escucharnos. Es sentir que nosotros no le interesamos, o que no valemos nada para Él.

17. Esto nos pasa muchas veces en nuestra oración. Invocamos y suplicamos al Señor, y la única respuesta que recibimos es el silencio. Esto nos lleva a poner en duda valor de la oración, e incluso a dudar de la misma existencia de Dios.

18. ¿Qué es lo que podemos hacer en esos momentos? Esta mujer nos enseña con su ejemplo. Nos hace ver que hemos de perseverar en la oración, aunque no recibamos ninguna respuesta y algunos se sientan molestos, por nuestra insistencia.

19. Eso fue lo que sucedió con los discípulos, que se sintieron molestos por las súplicas insistentes de esta mujer. Ellos no aguantaron y se acercaron a Jesús para decirle: «Atiéndela, mira cómo grita detrás de nosotros.»

20. La oración nos pide perseverancia. No se trata de pedir una vez, y esperar que de una manera automática obtengamos la respuesta. El Señor nos deja clamar y suplicar, para que de veras, seamos conscientes de nuestra necesidad y nuestra fe en Jesús, se haga más fuerte.



21. Ante la petición de sus discípulos, Jesús les respondió: «Yo solamente he sido enviado a las ovejas perdidas del pueblo de Israel.» Con lo cual estaba afirmando que, ya que esta mujer no era Israelita, no tenía Él por qué atenderla.

22. Esto quería decir que esta mujer, no tenía derecho a recibir la ayuda de Jesús. Se trataba de un evidente desprecio. Era el reflejo del desprecio que los judíos, sentían hacia los que no eran judíos. Era la actitud de exclusión que los Israelitas, tenían para con los de otras religiones.

23. Nosotros mismo, a veces, pensamos que solamente nosotros, tenemos derecho a ser escuchados por Dios. Nos imaginamos que Dios es solamente Dios para nosotros. Pensamos que solamente, nos va a ayudar a nosotros y a los demás los va a dejar a un lado.

24. Jesús, en su respuesta, quiere hacer ver a los que le rodean, que esas actitudes de exclusión y de desprecio no van con Él. Es cierto
que por un momento Él las asume. Pero es solamente para hacer reflexionar a sus discípulos, y para hacer crecer la fe de esta mujer.

25. La mujer, a pesar de lo que ha escuchado, no se desanima. Corre. Se adelanta. Se pone delante de Jesús. Le tapa el camino. Y, puesta de rodillas, le dice: « ¡Señor, ayúdame!» Ya es una súplica cara a cara. Su rostro se encuentra con el rostro de Jesús. Se oye el palpitar de los dos corazones.



26. Entonces Jesús le dijo: «No se debe echar a los perros el pan de los hijos.» Se trata ahora de una respuesta muy dura. Es prácticamente un insulto. Pero Jesús continúa reflejando la misma actitud de desprecio, que los Judíos tenían hacia los pueblos paganos. Jesús quiere que sus discípulos escuchen el eco de sus mismas palabras, en las palabras que Él está diciendo.

27. Los Israelitas llamaban “perros” a los paganos. Era una palabra despectiva. Y Jesús la usa para que ellos se den cuenta, de lo duro y grosero que es despreciar a los demás, sean quienes sean.

28. Pero a pesar de todo, esta mujer no contesta insulto con insulto, sino que con una gran humildad, le dice a Jesús: «Es verdad, Señor, pero también los perritos, comen las migajas que caen de la mesa de sus amos.»

29. Verdaderamente es admirable la actitud de esta mujer. Persevera en su petición a pesar de todo. No se desanima. Crece en la fe. Es perseverante. Tiene una gran humildad. De esta manera, nos está enseñando cómo debe ser nuestra oración.

30. ¿Cómo hubiéramos actuado nosotros en el lugar de esta mujer? ¿Qué le habríamos respondido nosotros a Jesús? Posiblemente le hubiéramos insultado. con lo más ofensivo de nuestro vocabulario y nos hubiéramos ido de allí.



31. Pero qué distinta fue la actitud de esta mujer. Y qué distinta va a ser ahora la actitud de Cristo, contrastando con la actitud de los 
Israelitas.

32. Hasta ahora ha actuado y respondido como ellos. Pero ahora va a responder como verdadero Hijo de Dios. Hasta ahora ha actuado como hijo de Israel, pero ahora nos va a enseñar cómo debemos vivir los hijos Reino de Dios.

33. Conmovido por la actitud humilde y perseverante, de esta mujer, Jesús responde: «Mujer, ¡qué grande es tu fe! Que se cumpla tu deseo.» Y afirma el Evangelio que en aquel momento, quedó sana su hija.

34. Jesús alaba la fe de esta mujer. Una fe mucho más firme y segura, que la de los israelitas. Las únicas veces que Jesús alaba la Fe de las personas, lo hace refiriéndose a la Fe de los paganos. Jesús alaba la Fe del Centurión y la Fe de esta mujer pagana. En cambio, en ningún momento alaba la Fe de Israel.

35. Pensemos, ¿Alabará Jesús la fe de nosotros los cristianos? No lo sé. La respuesta la tenemos nosotros.



36. Pidamos a Jesús que nos conceda la gracia, de saber aprender la lección que hoy, nos ha dado a través de la mujer Cananea y que la Fe, el amor, la perseverancia y la misericordia sean el sello de cada una de nuestras obras.

Oración de los fieles
Sacerdote: Sabiendo que el Señor siempre nos aguarda, para concedernos la ayuda de su gracia, presentemoslé nuestras súplicas, con confianza.



Sacerdote: Oh Dios, que amas a los hombres y quieres que todos se salven, escucha las oraciones que con fe, te hemos presentado y 
danos tu salvación. 

Por Jesucristo nuestro Señor. 

Amén.



Evangelio Domingo 20 agosto 2017. Ciclo A. XX de T.O. (Mateo 15, 21-28). La fe en Jesús lo puede todo. *Palabra del Señor*.








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