Semillas de Dios.

domingo, 23 de julio de 2017

23 de Julio. HOMILÍA DEL DOMINGO XVI DURANTE EL AÑO (CICLO A). Todos estamos llamados a construir y a vivir el Reino de Dios. Este Reino no se realiza ni se construye, a través de grandes cosas. Son las cosas pequeñas, las que nos llevan a vivir como Dios quiere que vivamos. No busquemos grandezas, sino el vivir con fidelidad las pequeñas cosas de cada día, que Dios nos pide. Desde Guatemala por: Monseñor Rodolfo Antonio Colominas Arango.


Todos estamos llamados a construir y a vivir el Reino de Dios. Este Reino no se realiza ni se construye, a través de grandes cosas. Son las cosas pequeñas, las que nos llevan a vivir como Dios quiere que vivamos. No busquemos grandezas, sino el vivir con fidelidad las pequeñas cosas de cada día, que Dios nos pide. 
Feliz Domingo.


HOMILÍA DEL DOMINGO XVI DURANTE EL AÑO (CICLO A).



1. Este domingo Jesús continúa explicándonos poco a poco, lo que es el Reino de Dios. Lo hace hoy por medio de tres parábolas. Cada una de ellas nos va explicando algunos aspectos importantes, del Reino que hemos de tener en cuenta.



2. Jesús nos dice que el reino de Dios es semejante a la semilla de mostaza. Una semilla pequeña que apenas si se ve, pero que, cuando se siembra en la tierra, al germinar, crece hasta convertirse en un arbusto, capaz incluso de acoger en sus ramas a las aves del cielo.



3. Esta es una de las características que tiene el Reino de Dios. No es un Reino hecho de grandes cosas, de grandes acontecimientos, de grandes obras o de grandes sacrificios. Sino 
todo lo contrario, el Reino se hace presente por medio de cosas aparentemente insignificantes, cosas a las que casi nadie les pone atención, pero que dentro de sí mismas, llevan una 
fuerza capaz de transformar a las personas, de transformar el mundo y de hacer presente a Dios, hasta en el último rincón de la tierra.



4. Esas pequeñas cosas son por ejemplo la Palabra de Dios. La Palabra que Dios nos ofrece, es una palabra sencilla y humilde. La palabra que Dios nos dirige, no es una palabra que esté revestida del ropaje de la sabiduría humana. Por eso decía Jesús que el Padre ha revelado los secretos de su Reino a la gente sencilla.



5. Si nosotros leemos el Evangelio, vamos a descubrir que las cosas que Jesús nos dice y las cosas que Jesús nos pide, son cosas muy sencillas y pequeñas. No nos está pidiendo cosas
que superen nuestras capacidades. Pero esa Palabra, cuando se siembra en nuestro corazón y la dejamos crecer, sin ponerle estorbos, crece y se desarrolla hasta el punto de transformar radicalmente nuestra vida.



6. Nosotros muchas veces estamos acostumbrados a escuchar simplemente la Palabra, pero no nos hemos esforzado por ponerla en práctica. Por eso vemos que nuestra vida cristiana, muchas veces se reduce a algo rutinario y que siempre seguimos siendo lo mismo lo mismo, o a veces, peores. Por eso algunas veces sentimos la necesidad de buscar, otras palabras humanas que de verdad nos sirvan para promovernos y superarnos. Pero el problema no está en la palabra de Dios, sino en nosotros, que no la hemos sembrado en nuestro corazón.



7. Esta semilla pequeña, son también los pequeños actos que nosotros debemos realizar en nuestra vida cristiana, como por ejemplo, el actuar constantemente, en la presencia de Dios a través esos pequeños momentos de oración, los pequeños vencimientos, las pequeñas obras de caridad, los propósitos sencillos, los pequeños actos de generosidad, etc. Cosas 
pequeñas, sí, pero que poco a poco van creciendo en nosotros hasta el punto, de hacer que nuestra vida sea totalmente distinta.

8. Los santos no nacieron santos, sino que la santidad se fue haciendo presente en sus vidas en la medida en que supieron ir dando de sí mismos, en esas pequeñas cosas de cada día. Ellos supieron dejar que la pequeña semilla de mostaza, fuera creciendo cada día en sus vidas. Podríamos decir que llegaron a la santidad casi sin sentirlo.

9. Jesús nos habla en otra de las parábolas que hemos escuchado hoy, de la levadura que una mujer mezcla con la harina.
Es una pequeña cantidad de levadura, pero que al mezclarse con la masa, es capaz de fermentarla y hacerla crecer. No hace falta echar mucha levadura. Basta con una pequeña cantidad.



10. La levadura que hemos de sembrar en nuestra vida, es la Divina Palabra. No hace falta que estemos todo el día con la Biblia en nuestras manos. No hace falta que estemos largas horas en oración. Basta con una pizca, pero que de verdad se mezcle en nuestra vida. Porque nuestro problema está en que no mezclamos la palabra de Dios, en nuestra realidad de todos los días.



11. Rezamos sí, pero no hacemos que la oración impregne nuestra vida. Por un lado está nuestra oración y por otro lado nuestra vida. Hemos de hacer que toda nuestra vida,
 desemboque en la oración. Pero hemos de hacer también que la oración, perfume la totalidad de nuestra vida.

12. Lo mismo hemos de decir, cuando nos referimos a la Palabra. De nada nos serviría conocer perfectamente la sagrada Escritura, si no la ponemos en práctica; si no la sembramos en nuestra vida. El reino de Dios se hace presente en nuestra vida, en la medida en que su semilla o su levadura, la amasamos en nuestro vivir diario.



13. Nosotros los cristianos también debemos ser levadura. No hace falta que seamos una multitud. Lo que se necesita es que estemos presentes como cristianos y con los valores de Cristo, en todos los acontecimientos de la comunidad humana; que estemos presentes en todos los lugares en donde se desarrolla la vida humana. Entonces, desde donde Dios nos ha puesto, podremos hacer que la masa del mundo se transforme y se renueve.



14. Hay muchos cristianos que son muy buenos, pero que no se mezclan con los demás. No influyen; no hablan; no hacen presente el reino de Dios. En una palabra: no sirven para nada, porque no se mezclan con la realidad en la que viven.



15. Finalmente, Jesús nos habla de la parábola del trigo y de la Cizaña. Esta parábola nos enfrenta a la dolorosa realidad del mal presente en el mundo, en la Iglesia y en cada uno de nosotros los cristianos. A veces nos preguntamos ¿por qué, si la semilla de la Palabra de Dios es buena, existe tanto mal? La respuesta nos la da Nuestro Señor con esta 
parábola.

16. Dios ha sembrado la buena semilla: su Palabra. Pero nos hemos descuidado y el enemigo, el diablo, se ha encargado de sembrar la mala semilla. La sembró desde el principio y la seguirá sembrando hasta el final de los tiempos. En gran parte, porque nosotros dejamos que la siembre. Nos descuidamos. No sabemos rechazar la mala semilla. Nos hace falta estar vigilantes. La siembra cuando nos descuidamos.

17. La siembra metiendo la discordia entre nosotros, por medio del orgullo, del egoísmo, de las ambiciones, del afán del poder. Por medio de todos esos modos de pensar que no son los criterios de Cristo.

18. La siembra por medio, de aquellos medios de comunicación social que difunden cosas contrarias a la fe, a la moral, a la justicia, a la verdad.

19. La siembra por medio de aquellos amigos que nos dan malos consejos, que nos llevan por el camino de las malas conversaciones, que nos inducen al mal. Nosotros nos descuidamos y por temor o por cobardía dejamos que esas semillas entren en nuestro corazón. El problema es que esas semillas germinan y terminan produciendo la cizaña.

20. A veces nos preguntamos por qué Dios no arranca con su divino poder, el mal que hay en el mundo. Quisiéramos que el mal se acabara y que “nosotros los buenos” pudiéramos vivir tranquilamente nuestra vida. Y Jesús nos da la respuesta: le está dando a la cizaña la oportunidad de convertirse en trigo. Por eso es que espera hasta el final de los tiempos y de nuestro tiempo personal para arrancarla y quemarla.



21. En las cosas materiales, es evidente que la cizaña nunca se va a convertir en trigo. Pero en el campo de Dios esto se puede hacer y se hace constantemente. Es lo que nosotros llamamos la conversión. Dios nos está esperando para ver si por fin cambiamos. Nos tiene paciencia. La paciencia es otro de los nombres que tiene la misericordia de Dios.



22. Ojalá que nosotros sepamos aprovechar las oportunidades que Dios nos ofrece, para cambiar nuestra vida y hacer de esta forma que el reino de Dios se haga realidad en nosotros. 
No pensemos que ya de plano somos buenos. Tenemos que reconocer que no solamente llevamos en el corazón mucha cizaña, sino que muchas veces somos verdadera cizaña, para con los demás. Dios nos llama a la conversión para que seamos trigo limpio para su gloria y alabanza.



23. Vamos a pedirle a Nuestro Señor, que nos vaya haciendo comprender lo que es su Reino, para que dejando que se haga presente en nuestros corazones, por medio de nosotros se vaya haciendo presente también en nuestro mundo.








Oración de los fieles

Sacerdote: Presentemos al Padre nuestra oración y pidamos saber aprovechar, las gracias que constantemente, derrama sobre nosotros.



Sacerdote: Escucha Señor las súplicas que te hemos presentado, y concédenos la gracia de saber dar siempre, el fruto que esperas de nosotros. 

Te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor.


Evangelio Domingo 23 julio 2017. Ciclo A. XVI. (Mateo 13, 24-43). Comprender un poquito más a Dios. ***Palabra del Señor***.