Semillas de Dios.

domingo, 25 de febrero de 2018

Febrero 25. HOMILÍA DEL II DOMINGO DE CUARESMA (CICLO B). Que esta Cuaresma nos ayude a vivir un cambio radical en nuestra vida, para que la luz de Cristo brille en cada uno de nosotros. Nuestra transfiguración hará que el mundo cambie y se renueve. Desde Guatemala por: Monseñor Rodolfo Antonio Colominas Arango.

Que esta Cuaresma nos ayude a vivir un cambio radical en nuestra vida, para que la luz de Cristo brille en cada uno de nosotros. Nuestra transfiguración hará que el mundo cambie y se renueve. ¡¡Feliz Domingo!!

HOMILÍA DEL II DOMINGO DE CUARESMA (CICLO B).





1. La primera Lectura que hemos escuchado hoy, nos presenta una de las historias más impresionantes de toda la Biblia, nos habla de la Obediencia de Abraham. Una obediencia plena y total. Una obediencia que tiene su origen en la Fe profunda que Abraham le tiene en Dios.

2. La Fe de Abraham, se manifiesta en algo muy concreto. Se manifiesta en la Obediencia total y absoluta a lo que Dios le manda. Obedece porque cree en Dios. No duda en hacer lo que Dios le pide, aun cuando su corazón tenga que sufrir.

3. Abraham no busca su comodidad, ni hace solamente lo que le agrada. Tampoco hace lo que Dios le indica 
solamente porque le conviene, sino porque confía plenamente en Dios y en sus promesas.

4. Para comprender mejor, lo que se nos quiere enseñar hoy con esta lectura, es necesario que contemplemos esta historia, dentro del conjunto de la vida de Abraham. Él era un hombre que pertenecía, a una desconocida tribu de nómadas que recorría las tierras, de lo que hoy es Irak. Un hombre como todos los demás.

5. Sin embargo, Dios pone su mirada en él y lo invita a dejar su tierra y su parentela, para dirigirse a un lugar que Él le iba a indicar. Dios se fija en él sencillamente porque Quiso. Y lo eligió movido por su infinito amor. Podemos decir, con toda certeza, que no había en Abraham, méritos especiales ni razones poderosas, para ser elegido por Dios.




6. Ante la llamada de Dios, Abraham obedece y sale sin saber a dónde iba. Emprendía el camino confiado solamente en la llamada de Dios. No solamente empieza a recorrer los caminos de la tierra, sino que sobre todo, empieza a avanzar en el camino de la Fe.

7. Más adelante, conforme Abraham va confiando en Dios y su Fe en Él va creciendo, Dios le hace una promesa: la de ser el padre de un gran pueblo. Es evidente que si esta promesa, hubiera sido hecha a un hombre joven, no tendría nada de extraño.

8. Pero, Dios hizo esta promesa a un hombre de más de 75 años, que, además, estaba casado con una mujer estéril. Todo esto hacía que esta promesa fuera, en la realidad, una promesa prácticamente imposible de realizar. Pero Abraham confía en la veracidad y en la fidelidad de Dios a sus promesas.

9. Toda la vida de Abraham, se desarrolla dentro de la promesa de Dios y la imposibilidad humana. Esa es la Fe que lo sostiene en todos sus caminos. Dios mantiene viva su promesa y Abraham, mantiene viva su confianza en Dios.

10. Hasta que, por fin, llega el día en que Dios, fiel a su promesa, cumple su palabra y le concede en Isaac, el hijo que tanto había deseado. Ese fue el día más feliz de la 
vida de Abraham. No solamente había experimentado la fidelidad de Dios, sino que además había recibido, lo que tanto había anhelado.




11. Con el cumplimiento de la promesa, pareciera que la lucha de la Fe había llegado a su fin. Sin embargo, Dios quería que su fe creciera aún más. Dios quería que Abraham fuera el modelo, de lo que debe ser nuestra Fe. Por eso, pasados algunos años, le pide que le ofrezca en sacrificio a este hijo único.

12. Esto significaba que Dios, le estaba pidiendo que 
destruyera todo aquello que era para él su esperanza y su
alegría. Le pedía, nada menos, que sacrificar a aquel que era la razón de su vida.

13. Y Abraham obedece. Su Fe en Dios era una Fe verdadera. Confiaba en Dios y sabía que, a pesar de todo, Dios seguiría siendo siempre fiel a su Palabra y que jamás lo dejaría abandonado.

14. La verdadera obediencia de la Fe, la encontramos cuando no se entienden, las razones por las que se nos pide que hagamos algo. Obedecer cuando a nosotros nos parece lógico y justo es muy fácil. Pero obedecer cuando todo parece absurdo y sin sentido, esa es la verdadera obediencia.

15. Ya podemos imaginarnos, qué camino más amargo tuvo que recorrer Abraham. Cada paso que daba hacia el lugar del sacrificio, era un golpe en su corazón. Cuántas miradas de amor, habrá dirigido a su hijo que lo había llenado de tanta alegría.




16. Pero no se detiene y camina hasta el monte Moria. Prepara el altar. Pone la leña. Amarra a su hijo. Lo sube al altar y levanta el cuchillo para sacrificarlo. Está decidido a obedecer a Dios hasta el final. Está dispuesto a aceptar todas las consecuencias de la Fe.

17. Y es, precisamente en ese momento, cuando el Señor le envía a Su Ángel que le detiene la mano. No hacía falta derramar la sangre de su hijo. No hacía falta destruir una vida. El sacrificio se había consumado ya en el corazón de Abraham. El sacrificio que Abraham ofreció, fue el sacrificio de la Obediencia en la Fe.

18. En realidad, no se trataba de sacrificar a Isaac. Se trataba de mostrar su amor, y su confianza plena en Dios aceptando su voluntad. Lo que a Dios le agrada es la
obediencia a su Palabra. El estar siempre dispuestos a, hacer lo que Él nos pida.

19. Por eso Dios detiene la mano de Abraham y le permite ofrecer un sacrificio, que ya no fue el sacrificio de su hijo, sino el sacrificio de un cordero que el mismo Dios puso en sus manos.

20. Todo el relato nos habla de amor, de obediencia, de una Fe profunda, de una confianza que no encuentra límites. Esto nos lleva de la mano a descubrir, el verdadero significado de la Pasión de Cristo.




21. En la lectura que hemos tenido del Evangelio, se nos hablaba de La Transfiguración. Fue el único momento en el que Jesús, les mostró de una manera fugaz e 
instantánea La Gloria de Su Divinidad. Cristo les muestra que Él es verdaderamente el Hijo de Dios.

22. Pero Jesús es el Hijo del Padre, que se hizo hombre para entregar su vida, en una actitud de obediencia al 
Padre, por nosotros y por nuestra salvación. Lo que se anuncia desde el Monte Tabor, es El Amor del Padre que entrega a Su Hijo, para que nosotros podamos alcanzar la salvación.

23. Nosotros nos quedamos asombrados y mudos de 
admiración, ante el amor y la obediencia que mostró Abraham, al obedecer a Dios ofreciendo a su Hijo en sacrificio. Pero el amor del Padre y la Obediencia de Cristo es algo que va mucho más allá, de lo que nosotros podemos imaginar.

24. Dios Quiere Salvarnos a Todos. Quiere que todos participemos de su vida y de su gozo eterno. Pero humanamente hablando, el pecado ha destruido toda esperanza. ¿Qué podemos hacer nosotros para alcanzar el perdón y la misericordia de Dios? ¿Qué podemos ofrecer a Dios para alcanzar el perdón de nuestros pecados?.




25. Es Dios mismo, quien nos abre el camino de La Salvación, enviando a Su Único Hijo, hecho hombre. Podemos decir con toda certeza que Cristo, es La Cumbre de La Locura del Amor de Dios. Dios Verdaderamente Enloqueció de Amor por nosotros.




26. Cristo, no solamente comparte nuestra vida, sino que se hace solidario con nosotros pecadores. Pasa entre 
nosotros derramando Su Amor y Su Compasión. No hubo dolor humano que no encontrara eco en el suyo.

27. Y a Este Hijo, el Amado del Padre, es a quien el mismo Padre le pide que le ofrezca el sacrificio de su propia vida. No era algo que le agradara a Cristo. Como verdadero hombre que era amaba su vida. Pero Cristo obedece al Padre. Como nos dice San Pablo: «Se hizo Obediente hasta La Muerte y una Muerte de Cruz.»

28. Sin embargo, de la misma manera como lo hizo con Abraham, lo que a Dios le complació en El Sacrificio de Su Hijo, no fue el dolor ni el sufrimiento. Más aún a Dios de ninguna manera le agradaba, ese espectáculo de sangre y de muerte. Lo que al Padre le agradó, fue La Obediencia Total y Absoluta de Cristo.




29. Casi podríamos decir que el Padre, Sufrió al ver Sufrir a Su Hijo. Pero Le Agradó Su Obediencia, que no le negó nada de lo que Él le había pedido. Cristo Obedeció y por eso El Padre le Concedió El Nombre que está por Encima de Todo Nombre.

30. Esa Obediencia de Cristo, debe ser el modelo de nuestra propia obediencia, que es el único camino para regresar, a los brazos del Padre de quien nos alejamos por el pecado.

31. Por eso, toda nuestra vida cristiana, hemos de vivirla en esta actitud obediente, a La Voluntad de nuestro Padre Dios. Lo que a Dios le Agrada, no es lo que nosotros le ofrecemos, sino la obediencia que le mostramos en nuestra vida, a través de cada una de las cosas que hacemos.

32. La Cuaresma es un tiempo, en el que debemos convertirnos, dejando a un lado nuestros propios caminos, que son caminos de muerte para emprender, en una actitud de obediencia, los caminos de Dios que nos llevan a La Vida.



33. No tengamos miedo de ofrecerle a Dios, lo que nos 
pida, porque Él nunca nos abandonará. No tengamos miedo de obedecer a Dios. Juntamente con lo que nos pide, Él siempre nos dará Su Gracia, para que podamos cumplir su voluntad.

34. El hecho de que a veces el dolor y el sufrimiento, se hagan presentes en nuestra vida, no significa de ninguna manera que Dios no nos quiera, o que nos mande dolores y sufrimientos. Dios nos Ama y No nos Abandona.




35. Nos lo decía hoy la segunda lectura: « Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?. Si ni siquiera perdonó a su propio Hijo, sino que lo Entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos va a dar con Él todo lo demás? ».

36. Avivemos pues, en estos días de Cuaresma, nuestra confianza en El Amor que Dios nos tiene y abramos el 
corazón a la obediencia, para hacer en todo momento lo que Dios nos Pide.

37. Ojalá que entregando juntamente con Cristo nuestra vida, podamos resucitar juntamente con Él, a la plenitud de la vida que comienza ya en este mundo, por medio de
la Obediencia a Su Palabra y que llegará a su plenitud en La Eternidad.


+++ Señor de La Divina Misericordia. ( Jesús yo confío en Tí ).+++