jueves, 9 de diciembre de 2021

ADVIENTO. «TIEMPO DE ESPERA Y DE ESPERANZA» Rvdo. Padre Antonio Alcalde Fernández. Párroco de Ntª Srª de Covadonga (Madrid) y Profesor de Música Sacra en la Universidad eclesiástica de San Dámaso (Madrid).

 B. Velado- A. Alcalde, CD Nuevo Adviento: “Apresura tu venida”. San Pablo. Madrid 1994. 

ADVIENTO 


TIEMPO DE ESPERA Y DE ESPERANZA» 

Marana-thá : Es una fórmula aramea que ha pasado a la lengua litúrgica como 

testifica el texto de San Pablo en su primera carta a los Corintios. 


Esta palabra breve y densa en su significado 

nos hace entender el sentido primitivo del Adviento cristiano, 

nos resume la espiritualidad del Adviento y su misma oración litúrgica y 

nos hace de puente entre el ayer y el hoy, proyectándonos hacia el futuro. 

Es una palabra clave que se nos conserva 

como una reliquia en la misma lengua materna de Jesús. 


«Marana-thá» tiene un doble significado, según la lectura que de ella hagamos.  

+ Si separamos las dos primeras sílabas: Maran-athá 

se convierte en una afirmación gozosa, pletórica de fe. 

Significa: «El Señor viene» o «El Señor ha venido». 

Esta fórmula aclama la presencia del Resucitado

 en medio de la comunidad cultual.  

+ Si la pronunciamos separando 

las tres primeras sílabas de la cuarta «Marana-thá», 

la invocación se convierte en un grito de esperanza: 

«Ven, Señor», como en las últimas palabras del Apocalipsis: 

«Ven, Señor Jesús» Ap. 22, 20; cfr. 1 Cor 16, 22). 


Con la Iglesia de todos los tiempos, nos mantenemos 

en la espera incesante del retorno del Señor, 

y le suplicamos: «Maraña tha», ¡Ven, Señor Jesús! 


«Marana-thá», repetido en las invocaciones

 y en los himnos es como una prolongación del Padrenuestro: 

«Venga a nosotros tu Reino».  


En Adviento, la  Iglesia celebra las dos venidas: la escatológica al final de los tiempos 

y la venida inminente en la carne. 


+ La Iglesia eleva sus manos al cielo y suplica que descienda el Salvador. 

«¡Ojalá rasgases el cielo y bajases!» (Isaías) 


TIEMPO DE VOLVER A EMPEZAR 

Y DE VOLVER A ESPERAR 


«¿Sabéis lo que es tener un amigo lejos, 

esperar sus noticias preguntaros cada día qué estará 

haciendo en ese momento o si se encontrará bien?... 

Velar en espera de Cristo es un sentimiento que se parece a todos estos, 

en la medida en que los sentimientos de este mundo

 pueden ser semejantes a los del otro mundo». 

(Extracto de una homilía de J. Enry Newman) 

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No hay Adviento donde no hay deseo y necesidad de presencia y de salvación. 

Por eso, la materia prima en este tiempo de la espera y la esperanza, 

es la invocación sentida y sincera de una nueva venida del Señor en nuestra vida personal, 

en ese momento del caminar de nuestra experiencia eclesial. 


En este tiempo la Iglesia afirma, como le gustaba recordar a Teilhard de Chardin (1881-1955),

 que nuestro mundo y nuestra historia necesitan una salida. 

El sabio jesuita con ardor poético y con una cierta inspiración mística

 y litúrgica apostrofaba a los cristianos con palabras que pueden ser también motivo

 de meditación litúrgica para este tiempo de Adviento: 


«Cristianos, encargados, después de Israel, de mantener viva en la tierra la llama del deseo.

 Apenas veinte siglos después de la Ascensión ¿qué hemos hecho de nuestra espera? 

Seguimos diciendo que estamos en vela en espera del Señor. 

Pero en realidad, si queremos ser sinceros, hemos de confesar que no esperamos nada. 

Hay que avivar la llama a cualquier precio. 

Hay que renovar a toda costa en nosotros la esperanza y el deseo de la venida del Señor» 

 

El Adviento, con sus lecturas, oraciones y cantos, 

nos va a urgir a que despertemos y pongamos manos a la obra y contribuyamos así a que 

“venga a nosotros ese Reino”, 

o sea, a que se haga realidad nuestro grito esperanzado de nuestro  Marana-thá.

 

 El Marana-thá puede ser el grito de la Iglesia que ansia, espera e invoca una nueva venida del Señor. 

Si gritas Marana-tha el Señor te escucha.   

Si cantas Marana-thael Señor viene ti.  


LA FE Y LA IGLESIA EN TIEMPOS DE INVIERNO 


  El teólogo Bruno Forte ha afirmado que Dios es adviento 

(el que siempre está viniendo) y el hombre es éxodo (el que siempre camina). 

Dios y el hombre se encuentran en la arena de la historia humana. 

  La cercanía del invierno en nuestras latitudes,

 invita a meditar sobre la imagen con la que K. Rahner,

 describía la situación de la fe y la Iglesia: una “cultura de la ausencia de Dios”. 

 

  La Iglesia pierde adeptos, sobre todo entre los jóvenes. 

Decrece el número de los practicantes. 

Disminuyen las vocaciones al ministerio ordenado y a la vida consagrada. 

Hechos tristes y escandalosos aireados por los medios de comunicación social.

 erosionan la credibilidad de la Iglesia .


  La expresión de K. Rahner no era una profesión de desesperanza

Su diagnóstico terminaba proclamando: 


“Creo  también que forma parte de la esperanza cristiana,


 no interpretar la situación de invierno en que se encuentra la Iglesia,


 como presagio de una muerte definitiva”. 


  Profesión de esperanza: El invierno de la fe y de la Iglesia,


 son “llamadas a revitalizar personalmente la sustancia de la fe”, 


en la esperanza de que esa revitalización 


y la reforma de estructuras que exige permitirán a la Iglesia,


 irradiar de nuevo la luz del Evangelio


 y traerán para ella una nueva primavera. 


   ATREVERNOS A ESPERAR 


El Adviento nos invita a decir “sí” a la esperanza. 


Es un gesto profético que los cristianos 


aportamos a este mundo tan falto de ilusión. 


La Navidad no es un mero aniversario:


 es una gracia nueva, un “sacramento” de la salvación


 que cada año nos quiere comunicar Dios. 


El Adviento, con sus lecturas, oraciones 


y cantos, nos va a urgir a que despertemos 


y pongamos manos a la obra y contribuyamos así a que


 “venga a nosotros ese Reino”, o sea, a que el Señor pueda construir, 


este año un poco más que el pasado, los cielos nuevos


 y la tierra nueva que él sueña para nosotros. 


"No durmáis, no durmáis.  El Señor va a venir. 


Despertad, vigilad. El Señor cerca está". 



            LA CORONA DE ADVIENTO.


La Corona de Adviento hunde sus raíces

 en las costumbres pre-cristianas

 de los germanos (Alemania), 

que en Diciembre hacían coronas de ramas verdes 

y follaje y encendían fuegos como

 señal de esperanza en la venida de la primavera. 

Para los cristianos representaba  la preparación 

a la venida del la luz y de la vida, 

que era el nacimiento del Señor en la carne. 


Jesús, el esperado, era el visitante más importante

 para los cristianos y sus familias. 

Esta costumbre de la Corona de Adviento,

 tan arraigada en el norte de Europa, 

va también arraigando entre nosotros con mucha fuerza expresiva. 

Son ya pocas las iglesias en España en las que

 no se prepare la corona con sus cuatro velas 

al comenzar el Adviento, convirtiéndose en uno de los signos

 expresivos de este tiempo de espera  y esperanza que es el Adviento,

 a la vez que es un signo de unión entre las iglesias evangélicas y católicas. 


El encendido de las velas cada domingo 

se efectuará en el rito de inicio de la Misa. 

Cada vela que se enciende disipa

 la oscuridad y aumenta el resplandor de la luz.